Vudu Ritos de Iniciación y Bautizo

Vudu Ritos de Iniciación y Bautizo

Cuando  un  luá  se  posesiona  de  una  persona  puede  emitir señales que evidencian su deseo de que ella se convierta en su caballo. Procede entonces a identificarse a la divinidad por su carácter y comportamiento, para luego “fijarlo” en la cabeza de la persona elegida a fin de que, cuando la divinidad “llegue”, lo haga con firmeza. Este último acto de fijación y acoplamiento entre el lúa y el instrumento a través del cual él hará acto de presencia entre los seres humanos es el que garantiza la continuidad —por cierto, no ilimitada, en todos los casos— de la relación que a partir de entonces queda establecida entre uno otro.

En el rito de la iniciación, que es más bien sencillo, deben participar oficiantes del vodú de experiencia para evitar cualquier tipo de problemas. Es conducido por un hungán y una mambó, quienes interpretan los signos manifestados por el luá y los dan por ciertos. No pueden tomar parte en el acto nada más que ellos y el candidato a iniciarse; de hacerlo otras personas iniciadas, sus luases podrían posesionarse de éste. En ocasiones se admiten como observadores sólo  a  gentes  no  iniciadas  que  no  provoquen  interferencias,  como  la anteriormente referida.

Los oficiantes sientan al que se va a iniciar en una mesa y le ordenan vestirse con la ropa ritual del luá; preparan una palangana blanca, que tiene que ser nueva, y la colocan delante: su contenido está compuesto por agua, perfume, albahaca y azúcar. Según los informantes, el azúcar “dulcifica” al santo y la albahaca sirve para “abracar”, esto es, darle firmeza a la unión. El hungán hace sonar la campanita ritual y la mambó un sonajero hecho con una güira para dar inicio al acto; a continuación, ambos proceden a emplear otros recursos para invocar a la divinidad, como las plegarias y rezos correspondientes. El trance evidenciado en el candidato no se hace esperar y el luá acude así al llamado.

Se traen las “prendas” distintivas de la divinidad —pueden ser una güira, un pañuelo, un pito o una campanita—y se las presentan, conjuntamente con los animales y la bebida. Los oficiantes conversan con el luá y le muestran sus símbolos sagrados; el santo manifestará qué tiene que hacerse para solicitar sus servicios cuando los necesiten. El iniciado podrá comenzar a aprender allí mismo qué utilizará para llamarlo y qué hacer a su llegada. Es natural que el luá acepte las cosas que se le han presentado y tal vez solicite un frasco de perfume, una cadena, un anillo, un collar, una sortija o cualquier objeto que el iniciado portará como prenda suya, es decir, del luá .

Después que éste “llega”, se procede a realizar el bautizo: primero, para apaciguarlo, se emplea una jarra con agua azucarada, con lo cual se le está indicando que su conducta futura deberá ser siempre buena. Entonces se le lava la cabeza  al iniciado con el líquido de la palangana y, acto seguido, mojado, se le colocan los atributos o las prendas, símbolos que identifican y representan al luá. Si a éste le gusta su caballo muestra de inmediato su conformidad; si, por el contrario, no está de acuerdo con él, responde: “Bueno, vine de pasada,  vendré  después”  y  ello  significa  que  hay  que  repetir  la ceremonia. Ocurre entonces que este luá puede sugerir, antes de retirarse, el santo que quiere pasar por el iniciado, al cual se le cambian los atributos por los del luá sugerido.

Si al fin se produce la aceptación, el recién iniciado tiene que someterse a un retiro, en un sitio destinado al descanso; éste debe ser tranquilo y donde reine el silencio. Allí procurará no establecer relaciones con nadie, ni aun con sus familiares. La duración del encierro es relativa; si se realiza donde el santo está acostumbrado a “trabajar” —es decir, donde da consultas, indica remedios o curas—, entonces la reclusión podrá durar tres días. A partir de entonces el santo puede ser llamado al trabajo.

Si un luá ha sido iniciado para laborar, los sacerdotes le hacen saber que la mesa donde fue bautizado es el lugar que se le ha destinado para que trabaje, pero al mismo tiempo le indican el lugar donde morará. Así es como se marca el árbol donde concluirá el rito de la iniciación: al pie del tronco se lleva un recipiente con agua y se derraman varias porciones de ella mientras se reza.

Con todas estas operaciones se le hará comprender claramente al santo la diferencia existente entre su sitio de labor y su morada o arbe-reposuá, sitios con los que él se relacionará habitualmente. El resto del agua de la palangana con la que se hizo el acto de purificación y que sirvió para el bautizo se deja debajo de la misma mesa donde se produjo la iniciación, hasta que ella se consuma, es decir, se volatilice.

Un santo puede cabalgar sobre una persona sin haber sido llamado, lo puede hacer hasta en un niño. Mas, en ese caso no se manifestará tal cual es ni hablará hasta que no se fundamente La mambó Elena nos refirió que este fenómeno le sucedió a ella a los nueve años y sus padres se oponían a realizar la iniciación. En ese caso el luá estaba como mudo. Después de iniciada, la señora tuvo que esperar a estar fuerte, dura, preparada para atender o en condiciones para “recibir” el espíritu y “entonces fue que éste habló y así pasé [nos refiere ella] a ser mambó .

Como es natural, el dominio de estos seres y del culto voduista en su conjunto no se puede obtener si no es mediante un largo proceso de preparación y entrenamiento,  en  el  que  se  comprende  la  instrucción  y  asesoría  por experimentados   oficiantes   de   esta   religión.   Éstos   transmitirán   no   sólo conocimientos al iniciado  sino también habilidades y mañas que desarrollaran sus capacidades para hacer que se posesionen de él los luases y que lleguen a comunicarse verbalmente, lo cual hacen invariablemente en la lengua créole.

El bautizo o “lavado de cabeza” constituye el punto culminante de la iniciación.

En este hecho existen detalles del culto voduista en Cuba muy diferentes a los de República Dominicana. Aquí se emplean una jarra con agua azucarada, la palangana cuyo contenido es un líquido mezclado y una vela; como hemos dicho más arriba, con ese líquido lustral se frota la frente del iniciado y se le derrama en sus manos, al mismo tiempo que se reza. Después de realizadas estas últimas operaciones, procede a partir un huevo cuyo contenido es derramado en su cabeza, con lo cual “el santo” queda bautizado.

Veamos cómo se realiza esto actualmente en República Dominicana:

Una parte importante del bautizo lo constituye la rotura de un huevo sobre la cabeza del iniciado, frotándose su contenido sobre la cabeza que luego se sumergirá en una tina y se le echará abundante refresco rojo y agua con muchas hierbas diferentes. A continuación se coloca una paloma blanca encima de la cabeza, que luego se deja ir libremente. Terminado  el  ceremonial  del  bautizo,  entra  el  nuevo  “caballo  de misterios” en el primer trance, es un estado de suspensión sensorial o letargo en el cual los “seres” se manifiestan a través de éste. Se habla de “subir”, pues se entiende que los seres suben de la tierra hacia    el cerebro    del    médium    en    donde    se    alojan. A partir de ese momento se convierte en un “caballo de misterios”, que estará en la obligación de servir para siempre a los “seres” sin poder arrepentirse de este compromiso.

Hay santos que constituyen parte de una herencia familiar,   por ejemplo, se transmiten de padres a hijos o de otros familiares a parientes muy cercanos.

Según algunos de nuestros informantes, éstos son los únicos luases que no sufren todo el   proceso iniciático que acabamos de bosquejar, sino sólo una parte de él. En efecto, cuando ellos “llegan”, en vez de utilizar el huevo , se emplea agua azucarada para amansarlos, nunca ron porque los enfurecerá o pondrá más inquietos. Si generan algún tipo de violencia, se conversa con ellos para persuadirlos de que su actitud  bruta es incorrecta; se les invita a que hablen o pidan lo que deseen, tratando de averiguar la causa de su actitud , que  muchas  veces  se  debe  a  que  no  se  les  ha  realizado  determinado “cumplimiento”. El espíritu, generalmente, le responde al sacerdote dándole a conocer su índole y su deseo o intención de alojarse en la cabeza del familiar en el cual hizo acto de posesión.

Antes de concluir, someteremos a análisis dos consideraciones. La primera se refiere al fondo filosófico de la actitud de aquellos que deciden iniciarse en religión; creemos que en el proceso y en los existe la misma actitud que en los hombres del mundo antiguo en el que existió una “forma de iniciación que pudiéramos llamar esotérica, pues estaba ligada a un pequeño grupo. Así las religiones de misterio (Eleusis, culto de Atis, o de Mitra, etc.) iniciaban a sus neófitos con el bautizo, la presentación de los  símbolos sagrados  de  la divinidad y, frecuentemente con una comida sacramental que se consideraba como puerta de entrada a la inmortalidad”.  En el vodú y en esta religión antigua  hay  evidentes  puntos  de  coincidencia  como  podrá  apreciarse, comparando el contenido de la cita anterior con lo que acabamos de describir más arriba. No creo que en nuestros practicantes voduistas haya un deseo consciente de hacerse inmortales al ponerse en relación con los luases pero si de adquirir un poder que los sitúa por encima del resto de los hombres que lo rodean, en tanto los invulnerabiliza.

La segunda consideración se refiere a las coincidencias existentes entre la iniciación en el vodú y en la regla de ocha. A modo  de ejemplificación, solamente voy a referirme a la ceremonia de consagración de un babalao descrita por Lourdes López. En ella hay los siguientes puntos de coincidencia:

1)  el iniciado es confinado durante varios días para evitar todo contacto con el mundo circundante;

2)   la parte principal de la ceremonia tiene lugar en un cuarto sagrado, donde el iniciado lleva las pertenencias rituales relativas  a orichas o santos;

3) se realiza un acto de purificación, que incluye un baño con un omiero o líquido lustral;

4) se presentan animales que serán sacrificados más tarde las divinidades implicadas;

5) se le hace un conjunto de operaciones en la cabeza con el fin de prepararla para recibir al oricha en que se iniciará la persona (en el caso del babalao, el oricha es Orula );

6) se produce la posesión del iniciado por parte de la divinidad en que se inició;

7) hay sesiones de instrucción del iniciado en todo lo concerniente a la jerarquía a la que accede; y

8) finalmente, el iniciado queda facultado para laborar en  concordancia con el poder – en ocha se le denomina aché—  que el santo o el oricha le otorga de ahora en adelante.

Si hurgamos más en la forma de la iniciación de otros sistemas mágico-religiosos, podríamos encontrar analogías como las señaladas más arriba. La información suministrada por la investigadora Gladys González Bueno en su breve artículo

“Una ceremonia de iniciación en regla de palo” confirma este último aserto. El acto de “rayamiento en palo”, como también conoce la iniciación en esta regla, se efectúa en el más absoluto secreto, en un recinto sagrado y en él también se produce una especie de purificación o baño que se le realiza a quien  se  va  a  iniciar;  posteriormente,  éste  es aislado  del  mundo circundante. Como en vodú y ocha, se sacrifican animales y se ingieren bebidas alcohólicas. Concluida la parte fundamental del rito -cuyo centro lo constituyen las incisiones practicadas en el cuerpo del “juramentado”—, se le “da de comer a la prenda” o nganga y, al conjuro de cantos y bailes propios de esta religión, pueden producirse actos de posesión.

©️ngangamansa.com

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s