Espiritismo la muerte entre los espiritistas cruzados

Espiritismo la muerte entre los espiritistas cruzados

Es importante destacar que para el espiritista cruzado espíritu y muerto son  términos empleados como sinónimos y para los cuales no tienen una clara definición ; no obstante, pudimos evidenciar ciertas diferencias entre ambos.

El muerto, a nuestro juicio, puede ser aquello que aún no ha logrado un estado evolutivo superior como para convertirse en espíritu y el cual todavía no está completamente   desmaterializado   conservando   algunos   vestigios   de   la existencia corporal, bien sea en la forma del lenguaje, en la energía con que se manifiesta o en sus costumbres. Esto se evidencia claramente en el tratamiento que recibe el muerto por parte del creyente, al cual se le ofrece la comida que le gustó en vida y se representa simbólicamente en diferentes objetos, a diferencia de los espíritus a los que se le ofrenda un vaso con agua, flores o rezos de oraciones.

La creencia en los muertos y su poder adquiere  una importancia relevante en el sistema de valores del espiritista cruzado, como un “ser” o “entidad” a la que se acude en primer lugar antes de cumplimentar cualquier ceremonia y con el cual se pueden realizar “obras de caridad”, “ trabajos de rompimiento”. Su equiparación con los espíritus, aún cuando difiera de la definición que se maneja  en  la  literatura  kardeciana,  viene  dada,  en  cierto  modo,  por  las características de los sujetos portadores de la creencia y por la toma de elementos esenciales de otros sistemas religiosos.

El muerto, a través de la misa, como evocadora de presencias, puede llegar a ser un “espíritu superior” catalogado como “ser de mucha luz y elevación espiritual”. Dentro de la concepción religiosa del espiritista cruzado, la materia no significa imperfección ni ignorancia y tal vez, esto sea otro elemento a incluir para la equiparación entre muerto y espíritu.

La creencia en la comunicación con los muertos o espíritus y el respeto hacia éstos, es una de las particularidades que afloran a primera vista y domina en cualquier actividad ritual que realice el espiritista cruzado, por lo que la misa espiritual no está exenta de ello. No obstante, esto es sólo el comienzo que facilita el acercamiento al sistema de creencia en este tipo de manifestación práctica. La lógica de producción de la referencia sobrenatural va más allá, representado tanto como fuerzas abstractas o mediante la materialización de estos en figuras u objetos aprehendidos de otras expresiones religiosas.

La muerte para el espiritista cruzado es el principio que instaura una nueva vida, la puerta hacia el otro mundo conceptuado como mundo espiritual, mundo del más allá o de las entidades espirituales o muertos. El hombre -a su decir -cumple un ciclo y su paso por la Tierra es sólo una parte del camino a recorrer.

La  internalización  de  esta  situación  marginal:  la  muerte    que  efectúa  el individuo es propiciada por la posibilidad que ofrece la misa de hacer creíble la comunicación. Introduce un ordenamiento subjetivo de la experiencia en la vida de los sujetos partícipes. El futuro adquiere relevancia significativa porque se proyecta  en  la  revalorización  del  concepto  muerte  desde  un  proceso  de legitimación religiosa.

No obstante, el deseo de vida en este mundo terrenal, se impone, traducida en la oportunidad que tiene el sujeto de construir su historia con las categorías de la colectividad humana adquiridas durante todo el decursar de su vida mediante un proceso de individualización, concienciación y socialización. A nuestro juicio, la muerte será interpretada como consuelo a no perder esa identidad individual y social que a lo largo de su vida a formado. Su representación como vida espiritual viene a disipar las tensiones que se genera cuando ocurre una brusca ruptura de las relaciones del individuo con otros significativos análogos.

En tal sentido, la concepción de la muerte, interpretada  dentro de la misa espiritual, no pone fin a las relaciones sociales de la existencia para estos sujetos. Las mismas son  caracterizadas por los mismos códigos de vida a seguir   entre   los   seres   humanos.   La   muerte   significaría,   entonces,   la reinterpretación   de   las   normas,   valores   de   conducta   y   relaciones interpersonales que el sujeto ha asumido en vida.  Reinterpretación que el creyente efectúa a partir del contacto con esta entidad la cual afectivamente tiene un significado importante  en su biografía personal.

La definición de lo netamente real o totalmente ficticio dentro de la ceremonia de la misa espiritual, queda sujeta a los diferentes modos de inferencia en la interpretación de las emociones observadas durante la misma. La posición dentro del ritual que asuma el espectador muy en relación, a su vez, con las determinaciones discursivas e ideológicas dominantes en la conciencia social de todos los participantes, son elementos que ayudarán en la aceptación y reconocimiento  que de esta se realice.

En  este  sentido,  su  evaluación  final  estará  permeada,  a  su  vez,  por  la conjunción de condiciones afectivas, nostalgia, reminiscencias; la experiencia del oficiante de la misa en efectuar a plenitud la presencia de lo simbólico y reafirmar para algunos y demostrar para otros la afirmación de un nuevo mundo “ordenado” y “real”.

El cierre de la misa, deja como saldo que los sujetos, apelando a su capacidad reflexiva, tomen, por una parte,  conciencia sobre sí mismos, es decir, lo que fueron, lo que son, lo que serán, y que por otra, realicen una heterorreflexión: de dónde somos, dónde estamos y hacia dónde vamos.

El fin de la misa, vuelve a los sujetos involucrados a su presente histórico, a su tiempo secular, al mundo profano, o como diría un espiritista cruzado a su mundo actual. La presencia de lo sagrado queda en sus mentes, un tanto para cuestionar o reafirmar cuánto de verdad o no existe en el nuevo significado que asumen los significantes vida y muerte dentro de la misa espiritual.

La misa de difuntos realizadas por los practicantes del espiritismo cruzado, lejos de ser un acto solemne, triste y conmovedor para los presentes  constituye, al término de ésta, motivo de alegría, sensación de paz para todos y, por qué no, también festejo en la cual se ofrecen comestibles. Expresando así, una vez más, que para ellos la vida continúa aún después de la muerte y que ésta no es más que el camino a un nuevo encuentro.

©️ngangamansa.com

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