Canciones de Muerte

Canciones de Muerte

El pueblo gun, cuyo territorio incluye la actual capital del Benín, Porto-Novo, y sus alrededores, cree que el alma del fallecido vaga por los aledaños del lugar donde habitó durante nueve días si se trata de un hombre y siete si es una mujer. Su peregrinación comienza al día siguiente del entierro. Mantienen por ello encendida una hoguera durante ese plazo de tiempo y, desde el crepúsculo hasta el amanecer, cotidianamente, se cantan siete o nueve lamentaciones.

Algunas de esas canciones funerarias:

1

Han cubierto la fosa con hojas de palma.

¿Quién se atreverá a cerrar para siempre la tumba

cuando llegue la hora de los ritos funerarios?

2

Cuando llegue la hora de bajar a la tumba

el hijo dirá: arreglad esa tumba.

Sea pequeño o grande,

sólo él dirá: arreglad esa tumba.

3

Utilicemos bien nuestro tiempo,

el tiempo que dure nuestra vida.

Tal vez nos falte lecho en la hora postrera

pero aun sin lecho partiremos.

Redoblad tambores.

4

¿Tan buena será la muerte

que ninguna lágrima puede enternecerla?

El pie que penetra en la tumba

no regresa ya.

5

Iré a ti,

oh padre mío.

Iré a ti.

Hay aquí huellas de pasos.

Si se zambulle en las profundidades del río,

permaneceré en el río

hasta la aurora.

Me llevaré guijarros del lecho del río.

6

Muere y me abandona;

dejadle ir a donde va.

El carnero se pone en marcha,

dejadle ir a donde va.

Muere y me abandona;

dejadle ir a donde va.

7

¿Ves ya la obra de la muerte?

La perdiz ha caído en la trampa.

Las pruebas de la vida no perdonan a nadie.

¡Venid a ver la obra de la muerte!

8

Franca es tu voz como la del cañón.

Es agradable al oído.

Placentera es la cortesía.

Cuando nada puede ofrecerse al huésped,

la cortesía es el mejor de los presentes.

9

Y he aquí que mi cuerda se ha roto.

¿Cómo podré recomponerla?

He aquí, rota ya, la cuerda de mi vida.

La cuerda que me servía

para sacar agua del pozo se ha roto.

¿Cómo podré recomponerla?

Aunque ponga en ello mis lágrimas,

las lágrimas no bastan.

Aunque ponga en ello dinero,

de nada servirá.

He aquí que mi cuerda se ha roto.

¿Cómo podré recomponerla?

10

Sólo tú puedes saberlo…

Puesto que tu padre no existe ya.

Sólo tú puedes saberlo.

¿Cómo vas a vivir ahora?

Sólo tú puedes saberlo.

¿Tendrás que buscar refugio en la casa de otro?

Sólo tú puedes saberlo.

11

Fluye y ven, viértete en mí.

Jugaremos juntos.

Los niños de la casa buscan con quien jugar;

viértete en mí.

12

(Diálogo entre el padre y el enemigo)

EL PADRE:

¡Busca pues y engendra!

El hijo es el que entierra a su padre…

Si yo no puedo más,

regresaré a mi Creador.

EL ENEMIGO:

¿Pero qué ocurre?

Apenas se habla de vestiduras,

el hijo las lleva a la tumba.

Si se pide dinero,

el hijo lo lleva a la tumba.

¿Pero qué ocurre?

  EL PADRE:

Busca pues y engendra.

Es el hijo el que entierra al padre…

13

Del cuerpo que envejece en la tierra

tomarán su parte las termitas.

14

No se trata de fortuna.

Los cauríes y el dinero

en sí, nada son.

Tened hijos

dignos de estima.

La amistad es más valiosa

que las hermosas vestiduras.

15

¡Por compasión, déjame venir,

oh Muerte!

Haz que yo sea tuyo

en la tumba.

Por compasión, déjame venir.

Padre, estabas enfermo y has muerto.

Quiero afeitarte los cabellos.

Por compasión, déjame venir.

16

Si hubiera podido conocer la fecha de mi muerte

habría bajado bien vestido

a la tumba.

Yo, que tan bien sabía hacerlo todo,

no pude llevarme nada

a la tumba.

17

Cuando Glelé conquistó Ayokou,

sólo capturó dos locos.

Así murió el padre de doscientos hijos,

sin el menor redoble del tamtan.

Pero cuando murió el padre del hijo único,

redoblaron los tambores, grandes y pequeños.

El valor de los hijos no se mide por su número,

cantó Glelé.

18

En la choza

donde nuestros padres

adoraban el Fa,

las arañas tejerán sus telas.

19

Que quien nunca haya conocido una prueba

venga al círculo y dance ante mis ojos.

Hermanos que ignoráis las pruebas,

venid al círculo y danzad ante mis ojos.

Huérfano que ignora cualquier luto,

baila ante mis ojos.

Mi madre ha muerto y mis enemigos ríen.

20

¡Cuántas cosas hace la vida!

Que nadie mezcle el brebaje rojo

con mi brebaje blanco.

Que nadie tiente mis sentidos

con un vano alimento.

Iré hasta la tumba.

¡Ah, cuántas cosas hace la vida!

21

Ninguna morada carece de tumba.

La muerte tiene una tumba en cada casa.

Cuando el luto os alcanza,

aunque os arrojéis al ruego,

aunque os arrojéis al agua,

asiéndoos, me burlaré de vosotros sin remedio.

La muerte tiene una tumba en cada casa.

©️ngangamansa.com

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