Los Animales en la tradición africana


En todo el Oeste de África, desde Gambia hasta la nueva República de Zaire (antiguo Congo Belga), el leopardo es especialmente considerado como un animal distinto a los demás en rango y respeto por su fuerza extraordinaria, su astucia y falta de temor ante cualquier adversario, para él hay un canto que se repite constantemente y que dice algo así:
Akamo ekun yio ni ca iyonu
(El que se atraviese en el camino de un leopardo, seguro tendrá problemas).
Con la piel de leopardo que está colocada sobre el trono del rey de Oyó, hay una historia interesante: Cuando se mató este animal, parte de la ceremonia consistió en cubrirle la cabeza con una tela blanca, hacerle ofrendas de frutas, polvo de ñame, y después, pedirle perdón por la ofensa cometida al quitarle la vida.
Todo el sitio donde está Oyó es de tierra muy roja y tan pronto uno entra a los terrenos del Alafin, parece como si la tierra fuera de un rojo-arcilloso más fuerte que en los demás lugares del pueblo. Se siente más misticismo que en la misma Ife. Se está más conciente de la presencia del espíritu de Shango. Hay más alegría y la música suena mejor, especialmente tan pronto se entra a los terrenos del Alafin y salen a recibirle los Tambores-Parlantes o Tambores de Rey. Este lugar es el verdadero guardián de los tambores sagrados y por añadidura el reino de Oñá. Es en Oyó, fuera del área donde está el palacio del rey, hacia una pequeña aldea, donde está la más sagrada cueva, recinto de
Shango. (gracias al padre del actual Alafin de Oyó, quien me trató con la mayor de las cortesías y amabilidades, no sólo contestando por largas horas mis impertinentes preguntas, sino también dándome su bendición y facilitándome el acceso a todos los lugares sagrados, pues aunque su hijo es el Alafin, él tiene más autoridad o comanda más respeto, pude entrar en estos recintos). El Alafin propiamente, es considerado persona sagrada y su apodo: «El Leopardo» es buen indicativo de su jerarquía indiscutible.

Una de las sociedades más poderosas en todo el Oeste de África, es la «Sociedad del Leopardo» que tiene sus más fuertes fraternidades y ramificaciones en la Sierra Leona y en el área de Oyó. Esta es una de las muchas sociedades existentes que forman parte de la vida social y política del africano. Sus ceremonias son muy especiales y llevan aparejados muchas veces el sacerdocio. Los criollos, por error, mal interpretaron el significado de tal tipo de ceremonia y a la de entrar a la sociedad de Osha, o sea la hermandad creada por los esclavos negros africanos, la lamaron «hacer el santo». La confusión estriba en la siguiente:

Hay una ceremonia dentro de las sociedades conocidas como Ka ri Oba Osha (es sólo para elegir rey o presidente de la sociedad) se le hace a un solo individuo, quien es casi siempre el rey local y quien se tiene por descontado que es uno de los descendientes de los reyes tradicionales del panteón Yoruba. Ej.: Shango, Oshun, Obatala, Eshu, Orula Eleggua, Yemayá, Oggun, Shopono o Babalu alle. Cualquier persona puede pertenecer a la hermandad y las ceremonias son bien sencillas, excepto repito, las de elegir Oba. Hay un solo Oba por sociedad y este Oba está sujeto a un Cabildo compuesto por todos los ancianos del pueblo que alguna vez fueron o bien Obas, u ocuparon alguna posición de importancia.

El mono rojo o Ijimere es considerado casi sagrado, tan sagrado como cualquier Orisha, es la única especie de animal que se considera así. Se le saluda diciéndole: Olu wa mi.

En cuanto a las aves, son sólo mensajeras de los dioses, algunas de ellas, más consideradas que otras como el loro, pero sin que se llegue al punto de tenerlas por sagradas. Los buitres tienen cierta especial reverencia, pues se comen las ofrendas que se le hacen a los Orishas. Se le llama Eiye-Orisha. Son simplemente mensajeros de los dioses sin ningún otro atributo más que este que referimos; también está terminantemente prohibido matarlos, y se ven muchos cuando se va de Lagos hacia Abeokuta o Ibadán, pero nadie los molesta, ni siquiera los muchachos.

Entre los reptiles, es sólo el cocodrilo honrado como mensajero de Olusa-Oshun, reina de las lagunas, y por tanto no se les molesta tampoco. En el estado del Oeste de Nigeria, crecen unas lagartijas muy grandes, de unos colores brillantes, especialmente hacia la cabeza y la cola, que va desde el amarillo-naranja hasta el rojo vivo. Nadie es capaz de lastimar uno de estos animalitos. Al preguntar si tenían algún significado religioso, siempre tuve la misma respuesta: No, pero son hijas de Dios. Tienen tantos colores porque una vez, hace muchos años, cuando los animales les hablaban a los hombres, había un hombre llamado Amanasi que tenía una granja cerca de donde dos camaleones y una lagartija trabajaban una pequeña porción de terreno que siempre daba mucho maíz. Un día vino una sequía muy grande y la granja de Amanasi dejó de producir sus cultivos; pero en la casa de los lagartos, nunca faltaba el ñame, ni los cocos, ni el maíz, ni los plátanos a la hora de comer.
Amanasi se enteró de esto y fue hasta donde los camaleones estaban sentados, y les ofreció comprarles el secreto de como ellos tenían qué comer, cuando todos los demás pasaban hambre. Estos le contestaron que la única persona que sabía eso era la Lagartija, y que ni ellos mismos habían podido hacer que les dijera su sistema. Amanasi les dijo:
«Yo soy hombre de dinero, y les voy a hacer ricos a ustedes si me consiguen el secreto.»
Los dos camaleones, con una sola voz (la avaricia es una sola) le contestaron:
«Está bien, danos una semana que nosotros espiaremos para informarte.»
Fieles a su promesa, los camaleones se pusieron a espiar a la lagartija y vieron como ésta salía, por las noches, hacia un lugar del bosque, llevando con ella una jicara grande de calabaza vacía y un puñadito de maíz seco. Al llegar a un claro del bosque, regaba los granitos y hablando hacia el cielo, decía unas palabras que no pudieron escuchar. Entonces comenzó a caer una especie de lluvia muy fina que parecía más bien un polvo plateado que venía de las estrellas. Al caer, convertían los granos secos en hermosas plantas de maíz, plátano, coco y suficientes frutas, lo justo, para llenar la calabaza. Al estar llena, la lagartija fue hacia otra parte del bosque donde depositó una pequeña porción al pie de una roca muy negra que había al final de los árboles milenarios que rodeaban el sitio. Desde allí parecía provenir un sonido muy extraño que asustó a los camaleones, los cuales se apresuraron a marcharse rápidamente del lugar. Los camaleones llegaron primero a la casa y cuando la lagartija arribó con su calabaza llena de víveres, le preguntaron donde los había conseguido, a lo que ella les contestó:
«Muchas veces ustedes me preguntan de dónde provienen lo que comemos, y yo les digo que los regalos del cielo, no se pregunta como se obtienen. Sepan, por lo menos… es Dios quien los concede.»
Y los camaleones, otra vez, con una sola voz contestaron
«Tú eres un brujo que haces magia por las noches, si no nos das el secreto, se lo vamos a decir al Alafin para que te dé justo castigo por tus hechicerías. Nosotros hemos visto cuando salías y decías cosas raras en el bosque, y después ibas para una roca negra que seguro está embrujada.» Diciendo esto, y sin esperar respuesta de la lagartija, se le encimaron y la ataron al pie de un palo que había en el centro de la choza. Después de cerciorarse que estaba bien amarrada, se fueron hacia donde vivía el señor Amanasi. Cuando llegaron, este les salió vestido de araña y les dijo que no se asustaran que por el día era él de una forma, por la noche de otra.
Los camaleones se miraron algo intrigados, y no muy seguros de que habían tomado una sabia decisión al asociarse con este hombre raro, pero ya estaban demasiado metidos en el asunto para retirarse y le dijeron:
«Está bien, nosotros creemos que cada cual puede vestirse como mejor le convenga. El hecho cierto es que tenemos presa a la Lagartija, pero se niega a decirnos su secreto. Quizás tú puedas convencerla.»
Juntos se dirigieron a la choza dispuestos a interrogar a la Lagartija, pero al llegar se encontraron que el palo estaba solo y la Lagartija había desaparecido. Entonces se fueron hasta el sitio donde habían visto a la Lagartija hablar hacia el cielo, pero tampoco estaba allí, fueron hasta la roca, pero tampoco estaba. Y decidieron retornar a la choza. Miraron, y no la vieron, se fueron de nuevo hacia el bosque y empezaron a buscarla por todas partes. Tanto la buscaron, que se adentraron hasta lugares desconocidos dándose cuenta al cabo del tiempo, que no sabían donde estaban. Estaban perdidos… La noche comenzó a hacerse más oscura y el miedo hizo presa de ellos. Caminaron y caminaron inútilmente buscando la salida del bosque. La noche se hacía oscura y oscura… Uno de ellos comenzó a llorar y los demás no estaban muy lejos de imitarle, cuando divisaron una cueva que parecía lo suficientemente grande como para brindarles acomodo y protección contra los elementos de la noche.
No bien habían entrado, cuando un hombre todo vestido de blanco se les apareció y en tono grave les interrogó sobre la razón por la que ellos estuvieran en su residencia.
«Estamos perdidos», —fue la respuesta—. «Buscamos a un buen amigo: el señor Lagartija, ¿quizás Ud. le ha visto?»

Los Animales en la tradición africana

El hombre les miró por un buen rato y les dijo: —«Ustedes mienten, la avaricia les ha perdido. Yo me llamo Orisha-Nla y soy el protector de la Lagartija a quien ustedes tienen presa en la choza».
Estos le interrumpieron: «Oh, no, la Lagartija no está en la choza por eso la buscamos.»
«No sólo sois embusteros, también sois ciegos —respondió Orisha-Nla—. La Lagartija asumió el color rojo de la tierra hacia el rabo, carmelita hacia el centro del cuerpo, como el palo donde está atada, y naranja hacia la cabeza como la soga con que le habéis atado. Por eso no la habéis visto. Uds. han maltratado a una criatura hija mía, por tanto seréis castigados. Amanasi, seguirás de araña comiendo lo que puedas cuando puedas. Ustedes dos que traicionaron a su amigo, no tendrán más vivienda que las piedras, y pasarán hambre cuando todos pasen hambre y además, serán los últimos en comer. Vayan y liberen la Lagartija y quizás algún día yo les perdone.»
Los dos camaleones y la araña fueron rápido a soltar a la Lagartija, que efectivamente se encontraba aún amarrada al poste.
Desde ese día, la araña come cuando puede, los camaleones después de todo el mundo y la Lagartija sigue teniendo muchos colores para confundir a sus enemigos.
Y esa es la historia que me contaron en Lagos .

Son sólo los miembros de la nación Ibo (parte de la población de Nigeria) y vecina, hacia el Oeste, los que veneran y respetan como a un dios a la boa, a la que se le ofrecen toda clase de sacrificios de animales. Al crearse el sincretismo de los criollos, surgió por esta influencia Ibo entre ellos, la costumbre de no pronunciar el nombre de Majá o de serpiente por considerársele tabú; todavía se refieren a estos reptiles por el término numerológico de la charada criolla como «el 21». Pero los Yorubas que son los creadores de la religión (con todas sus amalgamas en el Oeste de África) no la consideran tabú, ni la dejan de mencionar por su verdadero nombre.

Las fábulas sobre animales, son tan populares y numerosas que sería imposible tratar de compilarlas en un libro. En todas ellas, se trata de demostrar que el hombre siempre está en una forma u otra, en contacto bastante cercano con la Naturaleza y muy especialmente los animales. Algunas fábulas son pura fantasía, pero otras, son proyecciones de los deseos humanos, tantos buenos, como malos y en ellos se reflejan las virtudes y debilidades nuestras. Algunas otras son del tipo «explicatorio»: «Porque el gallo tiene plumas», o, «Como el chivo se convirtió en un animal doméstico». Pero siempre tienen una tendencia hacia la moraleja y la explicación.

Estos cuentos, son historia africana legítima. Aunque muchas de ellas rebasaron los confines africanos, hacia las Américas y Europa, casi todas permanecen dentro de los pobladores de las naciones que las crearon. La mitología africana, no sólo exportó, sino que también importó de otras partes del Mundo. También sufrió alteraciones al llegar a integrarse a nuestras culturas al principio de los días de la esclavitud y después, con el decursar de los años entre los criollos practicantes de la religión.

Es probable que algunas de las «historias viejas» que no se pueden rastrear en términos de años, hayan entrado las regiones tropicales de África con algunos negros emigrantes del Norte del continente hace algunos milenios. Otras leyendas «vinieron» con los mercaderes del mundo musulmán. Y existen versiones de algunas leyendas de «Las Mil y Una Noches», particularmente hacia toda la costa de África del Este. Otras, se pueden distinguir de las grandes colecciones Indias tales como la Indú «Pancha-tantra» o las Budistas «Jataka».

Pero es incuestionable, que una vasta colección de cuentos «puros» africanos, está «sin tocar», vírgenes de influencia extranjera alguna. Ellos revelan la concepción africana del mundo y, por ende, la que tenían los esclavos y padres de muchos de nuestros antecesores (especialmente en el área del Caribe), y no sólo del mundo, sino también de Dios, los Hombres y su comportamiento con todo lo que le rodea.

Los animales son parte de la vida diaria… Los sacrificios de ellos no se hacen por capricho y por mero antojo sanguinario y carneceril. Se mata para comer. Se «sacrifica» lo que se va a comer. Parte de esta comida lleva una ceremonia de «gracias» al orisha patrón del animal. Y muchas leyendas de animales van parejas con historias de «santos». Ahora bien, ¿porqué se mata un animal?: ¡Por tradición!. ¿Pues, se les ha ocurrido pensar a los detractores de los «horrendos sacrificios» que, en África milenaria, no había «supermercados» donde vendieran las carnes empaquetadas y congeladas? Yo creo que no. Todavía, dentro de África, en cualquier población, la carne (que es mayormente de chivo y camero) que venden, la venden en carnicerías, abiertas sobre una mesa, no muy vieja la carne pues la falta de refrigeración la echa a perder y casi siempre quien compra carne en un mercado, ve como el animal es sacrificado antes de ponerle en el mostrador. El animal se «sacrifica» para comer y nada más que la cantidad necesaria para los comensales en la fiesta de santo, del cual se separa un poco para el Orisha.

Y basta ya de explicación sobre los sacrificios. Quien no quiere entender algo tan sencillo no lo entenderá nunca. El animal es parte de la vida del africano. Se le respeta pues le provee de ropas y alimentos. Por esta razón, tantas fábulas van aparejadas con la vida de los Orishas.

©️ngangamansa.com

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